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Historia
Parque Nacional
Archipiélago de Los Roques se encuentra a 80 millas náuticas al norte
de La Guaira (a 160 Km. Aproximadamente) y situado entre los 11° 48' y 11°
58' de latitud norte y 66° 32' y 66° 52' de longitud oeste. Mide 24,6 Km
de norte a sur y su longitud total es de 36 Km. Tiene una extensión de
221.120 hectáreas.
Los estudios arqueológicos confirman la presencia de
campamentos aborígenes nómadas pertenecientes a la serie valencioide y
provenientes del centro-norte venezolano. Esencialmente fueron pescadores,
cazadores de tortugas, recolectores de botutos y extractores de sal. Los
investigadores indican asimismo que en torno al S. XIV, grupos humanos
procedentes de las Islas Curacao, Aruba y Bonaire, arribaron al
archipiélago.
Visitado en los pasados siglos por las goletas piratas
que tajaban con frecuencia el mar Caribe, este atolón, formado por unos 42
islotes que ciñen una laguna de aproximadamente 400 km2, era conocido con
el nombre de "Roca", "La a'Roca" o "Roque".
Viejos mapas españoles, a partir de 1529, identifican
claramente el lugar, pues era avistado repetidamente por los
conquistadores. Afortunadamente, continúan desenterrados los mismos
tesoros en el impresionante panorama: se extiende idéntica la blanquísima
alfombra de arena que un día hollaron aquellos aventureros; descubrimos
igual la intensidad luminosa de los celajes, portentosamente azules; y
exhibe, seductor, el majestuoso Caribe, sus brillantes cabrilleos y juegos
de transparencias imposibles. Así eran y así son Los Roques.
Los vientos alisios, en dirección noroeste-este,
acarician constantemente el archipiélago y apenas permiten que las lluvias
diluyan el paisaje. La temperatura promedio es realmente sugerente, de
27.8°C.
Otros grupos humanos procedentes de las Antillas
Holandesas, explotaron la zona a principios del siglo XIX para extraer la
cal de los corales; fosfatos y abonos químicos de los manglares y del
guano -rico en fósforos y nitrógeno-; carbón vegetal de la madera del
mangle rojo -excelente combustible- y el tanino necesario parra curtir las
pieles obtuvieron también de sus cortezas.
El Gran Roque se eleva suavemente al noroeste. Salpican
su paisaje las modestas viviendas construidas por pescadores que, a partir
de 1910, arribaron desde la Isla de Margarita, y que tocadas por la luz
nocturna de los astros y de los faros, descubren invariablemente su
pintoresca esencia de pueblo de mar. Estos marineros y sus familias
originaron el actual asiento poblacional. Hoy, su producción se
comercializa en toda Venezuela, integrándose así activamente a la economía
nacional.
Paulatinamente, las casas particulares dejan paso a
otras construcciones más recientes: numerosas posadas acogen multitud de
visitantes, en un esfuerzo constante de conjugar la condición de Parque
Nacional (que ostenta Los Roques desde el 8 de agosto de 1972), con el
necesario desarrollo económico que requieren sus habitantes.
Los diversos cayos constituyen el resto del
archipiélago, que alberga una riquísima variedad de aves. Se han
registrado un total de 92 especies, agrupadas en 30 familias, de las
cuales el 54% son migratorias de Norteamérica.
Pero sí existen tesoros ocultos en el fondo submarino:
en su eterno juego de verdes y azules, las aguas roqueñas filtran con
generosidad las nítidas luces tropicales para revelarnos un mundo
densamente poblado de criaturas maravillosas; todo un ecosistema submarino
de arrecifes de coral; una miríada de especies vegetales y animales,
fascinantes, delicadas y de belleza excepcional.
Viejas historias de piratas, conquistadores y
aventureros, esforzadas vidas de pescadores... todo es evocador en las
blancas playas del trópico, en las cálidas aguas caribes, en las
profundidades de un mar teñido de azul y sol bruñido: todo lo guarda
celosamente en su regazo el Parque Nacional Archipiélago de los Roques
para quien lo sepa y quiera admirar, para quien quiera dibujarse en el
cuadro de su exotismo.
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