Clima: En el Parque Nacional Archipiélago de Los
Roques las condiciones ambientales son extremas. La temperatura media
anual es de 28,9°C. Los meses más cálidos son los de septiembre y octubre
y el mes más fresco es febrero. Los días son más calurosos y soleados y
las noches frescas.
Los vientos alisios, que constantemente soplan en
dirección nordeste-sudoeste, impiden prácticamente las precipitaciones
atmosféricas, con excepción de la temporada comprendida entre septiembre y
enero, en la que las lluvias pueden aparecer.
Geología: Hace unos 130 millones de años, en el
Cretácico Superior, comenzaba a constituirse, a partir de rocas
ígneo-metamorfizadas, este complejo paraíso de arrecifes, en permanente
formación. Posteriormente, durante el Terciario, esta plataforma se levó
aproximándose a la superficie de mar.
Dicha plataforma la constituyen hoy las prominencias de
El Gran Roque, y sobre ella, se fueron acumulando sedimentos calcáreos,
efecto del desmenuzamiento de corales, conchas y residuos de otros
organismos marinos. En las postrimerías de la última glaciación, hace unos
15 a 19 mil años atrás (Pleistoceno), los hielos se derritieron y aumentó
considerablemente el nivel del mar. Ello motivó el crecimiento de los
arrecifes coralinos que dan origen a las barreras norte y sur,
protecciones naturales de las áreas internas que posibilitaron la
formación de los cayos.
Desde entonces, ciertas condiciones de temperatura,
claridad, salinidad y profundidad de las aguas, se han mantenido estables
hasta hoy, ofreciendo el ambiente propicio para mantener la estructura del
arrecife y para la supervivencia de corales, algas calcáreas, moluscos y
otros organismos.
Flora: En la vegetación terrestre predominan las cactáceas y
espinares, y en general, las especies de plantas superiores que pueden
adaptarse a la zona, como la verdolaga, el tabaquillo de pescador, el
cadillo bobo o la batatilla de playa. Realmente pocas especies pueden
adaptarse a las extremas condiciones de los Roques; el clima es
implacable.
En la parte más elevada del Gran Roque encontramos las
cactáceas y los espinares, vegetación característica de las regiones
tropicales calientes y secas: la tuna y la tuna guásabara matizan el
paisaje con los intensos amarillos de sus flores. También proliferan el
buche o melón, especies de cactus con forma esférica y el cactus
candelabro.
En áreas arenosas y llanas predomina la vegetación
baja: la especie conocida como tabaco de pescador posee propiedades
alucinógenas y seguramente fue consumida por los indígenas precolombinos;
en las amplias zonas de playa hallamos la verdolaga o hierva de vidrio; el
saladillo, de alargadas raíces y el cadillo bobo, de pequeñas semillas
cubiertas de espinas, contribuyen a fijar en la arena hundiendo
profundamente en ella sus largas raíces.
El mangle es el rey indiscutible del archipiélago. Es
una especie de planta que se desarrolla perfectamente en lugares poco
elevados y próximos a la costa, donde el flujo de la marea permite su
humectación frecuente. Es esencial como elemento estabilizador de las
costas, formador del suelo y proveedor de energía a través de sus hojas.
Existe una gran diversidad de familias de mangles. El
que más se adentra en el mar es el mangle rojo; en progresión hacia la
tierra le sigue el mangle negro; el mangle blanco prefiere lugares
arenosos y de superficies más estables; más hacia el interior, encontramos
el mangle botoncillo.
Los mangles cumplen una función ecológica esencial. En
ellos se reproducen, alimentan y refugian multitud de especies animales
acuáticas y terrestres, pues además de la protección natural que ofrecen
sus raíces, son profusamente ricos en nutrientes.

Fauna: Las aves y la fauna marina constituyen la verdadera riqueza del
mundo animal en el Archipiélago de los Roques, en contraste con la escasez
de especies terrestres. Esto es así debido a la falta de alimentos y a la
hostilidad ambiental de un clima cálido en extremo.
No obstante, los reptiles como la iguana o lagartos
como el guaripete se adaptaron a vivir en esta región alimentándose
fundamentalmente de las flores de la tuna guasábara, de los frutos del
melón o de los huevos de los pájaros bobos. La salamandra, el mea-mea y el
machurite son lagartos que prefieren los insectos para su dieta.
El único animal mamífero autóctono que ha logrado
adaptarse y sobrevivir en este ambiente riguroso es el singular murciélago
pescador.
Fuera de los mares, las aves son indiscutibles
soberanas. Los registros contemplan 92 especies, de las cuales 50 son
migratorias, precedentes de América del Norte durante el invierno boreal,
pues encuentran a los Roques un lugar ideal para alimentarse y descansar.
Las aves marinas forman bandadas que súbitamente se
dispersan para volverse a encontrar en momentos; descansan en las playas y
buscan las ramas de los manglares para refugiarse en las noches.
Son fácilmente visibles los llamativos pájaros bobos:
la boba marrón y la boba rabo blanco; los alcatraces y los guanaguanares,
de estridentes graznidos; la gaviota o tijereta, de grandes alas y cola en
forma de tijera; la gaviota tiñosa, que anda en las ramas del manglar; la
tirra medio cuchillo y la gaviota filico, que anidan en la arena blanca
cerca de la playa y en las salinas; los alcaravanes y playeros pueden
admirarse correteando por las playas al atardecer.
A la orilla de las lagunas, capturando peces y
crustáceos, están las garzas cenizo y la garza morena. Una numerosa
colonia de flamencos hace parada habitual en el cayo los Conquises,
procedentes de Bonaire o de la ciénaga de los Olivitos del estado Zulia
(Venezuela).
Los pájaros terrestres son más escasos y menos
visibles. Emigran de Norteamérica o de la costa continental venezolana
para fijar su residencia en el parque. Algunas especies son endémicas o de
distribución restringida, como la reinita común. Esta ave es una
subespecie de color negro exclusiva de los Roques. Otro curioso pájaro
terrestre es el canario de mangle, que también ha sido registrado en la
Orchila y en Las Aves.

Ecosistemas Marinos: Sencillamente es impresionante la riqueza de
especies animales y vegetales que albergan las aguas de Los Roques. Estas
formas de vida oceánica constituyen el recurso natural más rico e
importante del archipiélago y su valor biológico, ecológico y fisiográfico
es incomparable. Son excepcionales los arrecifes coralinos del parque. En
ellos se generan rompientes y espacios de aguas tranquilas y de sombras,
plenas de nutrientes. Algunos peces se adaptan especialmente a la vida del
arrecife: navajones o peces cirujanos, cachamas, isabelitas o peces ángel
y mariposa; mientas los peces loro ramonean los pólipos de la superficie
calcárea coralina, los peces lábridos se dedican con esmero a la limpieza
de otros peces: todo funciona a la perfección en este hábitat singular.
Los pargos, rabirrubias, carites y meros son muy
apreciados gastronómicamente, y especialmente la langosta espinosa, de
gran valor comercial, ya que más del 90% de la producción venezolana
proviene de los Roques. Las praderas de fanerógamas marinas, riquísimas en
nutrientes, constituyen un singular ecosistema marino, pues a diferencia
de las algas, se reproducen mediante flores y frutos, al igual que las
hiervas terrestres. Al encontrarse cerca de la superficie de esta agua
transparentes, iluminadas por ese sol, evocan una floreada Arcada acuática
simplemente admirable.
Entre ellas destacan la hierva de tortuga - alimento de
las tortugas verdes, peces loros y cirujanos- y la hierva de manatí.
Cientos de peces encuentran en ellas lugar ideal para desovar, vivir su
etapa juvenil y esconderse de sus posibles depredadores. Allí se hallan
las estrellas y pepinos de mar, los gusanos y los moluscos como el
apreciado botuto.
El botuto es uno de los mayores caracoles del caribe,
de concha rosada y carne muy apreciada. Es plato típico en algunas islas
caribeñas y se le atribuyen popularmente propiedades afrodisíacas. Desde
siempre se ha utilizado en ceremonias y rituales religiosos o como
utensilio doméstico y actualmente es un estimado souvenir. Para evitar
esquilmarlo, su captura es temporalmente restringida. Lo mismo pasa con el
carey y el verde, especies de tortugas también muy apreciadas y
protegidas.
Asimismo proliferan en esta agua diversas especies de
algas, como la lechuga de mar o el segazo; corales muy diversos como el
cacho de alce, los cerebros o las gorgonjas; esponjas; moluscos como la
quigüas, calamares o pulpos; entre los crustáceos tenemos antes mencionada
langosta y a los cangrejos; equinodermos como los erizos, estrellas o
pepinos de mar; peces propios de los arrecifes coralinos son los loros,
navajones, barracudas, morenas, globos, jureles, carites... demasiado rico
es el tesoro submarino roqueño para describirlo y descubrirlo aquí.
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